Yo no vengo a cantar a la vida 

como Whitman.

Considero que mas bien parece un triunfo
no bucear eternamente entre las sábanas
en busca de otros mundos al despertar cada mañana.

 

Y me levanto con el pie que más cercano queda,
oséase el izquierdo,
y aún maldiciendo al autor de este desaguisado
intento, pese a todo,
bregar el duro oficio de ser buena persona,
cuestión que casi siempre queda coja
por un ciento de gestiones deshonestas
y algún que otro descuido sin más saña.